Las consecuencias clínicas

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Hay una creciente evidencia clínica y epidemiológica de que el SAHS y en menor medida la roncopatía crónica, están asociados a una gran variedad de consecuencias negativas para la salud con índices de mortalidad aumentados asociados a la sintomatología. Los estudios demuestran que un SAHS moderado o grave, con un IAH ≥ 30 predispone al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares, trastornos neuropsiquiátricos, es un factor de riesgo en accidentes de tráfico y laborales y su trascendencia es indudable en la hipertensión arterial. La gravedad de las consecuencias en el organismo depende de la duración y frecuencia de los episodios y consecuente con las alteraciones en el intercambio gaseoso, el grado de desaturación de O2 y saturación que se produzca de CO2 y de que manera interrumpa el patrón normal del sueño. Los cambios gasométricos y la fragmentación del patrón del sueño por los reiterados despertares explican la dilatada clínica de comorbilidad de la apnea del sueño. Hay evidencia creciente de que la apnea del sueño origina el desarrollo de la hipertensión, accidente cerebrovascular, infarto de miocardio y muerte prematura.

Los constantes despertares son los responsables de la excesiva somnolencia diurna, el síntoma primario de los pacientes con SAHS, aunque el impacto negativo del SAHS en la calidad de vida, no se limita a un exceso de somnolencia. Los esfuerzos respiratorios tiene consecuencias cardiovasculares, los desajustes en el equilibrio de intercambio de gases causan hipoxemia, se sufre una interrupción constante del patrón del sueño imposibilitando el sueño reparador, con deterioro neuropsicológico secundario, disminución de las capacidades neurospicológicas, trastornos cognitivos y molestos ronquidos que a veces llegan a alcanzar un nivel de decibelios no soportable para el oído humano. Este es solo un apunte del variado abanico de consecuencias y morbilidad asociada al SAHS con secuelas de variada magnitud. Aunque los datos no son concluyentes, analizados los patrones sintomáticos del SAHS, todos los estudios sugieren que un IAH ≥ 30 es un factor de riesgo para aparición de enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares, accidentes de tráfico y muerte. Los estudios epidemiológicos respaldan la asociación causal del SAHS con procesos patológicos frecuentes como la hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares. La comorbilidad asociada al SAHS queda contemplada en la definición que por consenso redacta el SEPAR de esta manera:

Un cuadro de somnolencia excesiva, trastornos cognitivos-conductuales, respiratorios, cardiacos, metabólicos o inflamatorios secundarios a episodios repetidos de obstrucción de la vía aérea superior durante el sueño.

Las graves consecuencias para la salud de un SAHS no tratado, están avaladas por la extensa literatura médica de los últimos años que ha demostrado las repercusiones sociosanitarias, riesgo cardiovascular, déficit neurocognitivo, enfermedades cerebrovasculares a las que hay que añadir un aumento de la accidentalidad laboral y siniestralidad vial. El envoltorio patológico del SAHS implica necesariamente un incremento de la mortalidad asociado.

Apnea del sueño: riesgo cardiovascular y cerebrovascular

Uno de los aspectos clínicos que más debate ha generado, es el referente a la consideración del SAHS como un factor de riesgo para las enfermedades cardiovasculares. La relación entre el SAHS y el riesgo cardiovascular ha estado sujeta a controversia aunque en la última década han aparecido suficientes evidencias clínicas que demuestran el papel etiológico del SAHS en la hipertensión arterial sistémica, resistencia a la insulina, obesidad, accidentes cerebrovasculares y cardiovasculares lo que resulta en aumento de la morbilidad y la mortalidad.

Durante años se defendió erróneamente que la coexistencia de los trastornos respiratorios del sueño con enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, era el resultado de factores de riesgo comunes a estas enfermedades, tales como la edad avanzada, la obesidad o el sedentarismo. Debido a la innegable asociación entre el síndrome de apnea y la obesidad, la disyuntiva que afronta la investigación es cómo aislar las consecuencias coligadas al síndrome disociándolas de otros condicionantes característicos del SAHS como la obesidad y otras enfermedades relacionadas con el sobrepeso. Sin embargo, en los estudios epidemiológicos recientes han demostrado que los desórdenes respiratorios del sueño son un factor de riesgo independiente para la hipertensión, probablemente como resultado de una combinación de hipoxia e hipercapnia intermitente. Young et al. evidenció esta asociación en un estudio sobre una muestra poblacional de 1060 trabajadores demostrando que la prevalencia de hipertensión arterial se incrementaba en relación al IAH independientemente al sexo, la edad o el índice de masa corporal.

Estos mismos resultados se desprenden del estudio realizado en 2001 por Durán et al. sobre una población de individuos con una horquilla de edad entre 30-70 años. La apnea del sueño puede conducir al desarrollo de la cardiomiopatía e hipertensión pulmonar según las conclusiones de Partinen et al. Los pacientes con SAHS tienen cinco veces más riesgo de mortalidad relacionada con enfermedad cerebro-cardiovascular. Roux et al. efectúan un seguimiento de 426 ancianos entre 1981 y 1986 para determinar las relaciones entre problemas de respiración, morbilidad y mortalidad, concluyendo que los individuos con apnea grave viven menos, (dos años aproximadamente) que los que tienen apnea moderada o los individuos sano. Los pacientes con apnea suelen sufrir también déficit neuropsicológicos, falta de concentración, pérdida de memoria, aumentada accidentabilidad, depresión, falta de deseo sexual e impotencia, etc., todo lo cual tendrá un profundo impacto en la calidad de vida al perturbar las actividades cotidianas. La gran mayoría de las conclusiones sobre comorbilidad objetivan sus resultados basados en la presencia de un SAHS grave (IAH≥30). En el estudio que Marshall et al. publicado en 2008 refiere que un síndrome de apnea incluso moderado, se asocian de forma independiente con un riesgo elevado de mortalidad.

Apnea del sueño: mortalidad

La calidad de vida en pacientes SAHS se encuentra altamente deteriorada respecto a la población normal. Cada vez hay más trabajos que reconocen los trastornos respiratorios del sueño como causa demostrada de morbilidad y mortalidad. Uno de los más completos es el coordinado por Naresh M. Punjabi, de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore que concluye que los trastornos TRS están asociados a un aumento de mortalidad en todos los aspectos y especialmente en relación a problemas coronarios. Los riesgos son más evidentes en el subgrupo poblacional de hombres de 40 a 70 años con un desarrollo grave de la enfermedad (IAH ≥ 30). Según recoge el informe, la apnea del sueño severa aumenta el riesgo prematuro de muerte en un 46%. Los resultados de este estudio demuestran que, independiente de las variables de confusión (de la edad, el sexo, la raza, el peso o el tabaquismo), los TRS se asociaron con todas las causas cardiovasculares de morbilidad-mortalidad. El equipo de Punjabi estudió a 6.441 hombres y mujeres durante ocho años para concluir que los hombres de 40 a 70 años de edad con graves trastornos respiratorios del sueño tenían dos veces más probabilidades de morir por cualquier causa que los hombres sanos de la misma edad.

La apnea del sueño está estrechamente relacionada con la obesidad, la hipertensión arterial, insuficiencia cardiaca y accidente cerebrovascular aunque los investigadores no han podido cuantificar con claridad cuánto más probable es la mortalidad en pacientes SAHS y determinar el alcance clínico real de la comorbilidad y mortalidad asociadas. A pesar de la controversia entre las distintas vertientes de investigación, hay unanimidad de criterios en considerar que las consecuencias de un SAHS no tratado repercuten en un aumento de la morbilidad, disminución de la calidad de vida y están relacionadas con tasas de mortalidad aumentadas. Las consecuencias de la apnea pueden corregirse fácilmente con tratamiento intraoral, Orthoapnea, que mejora la calidad del sueño, mitiga el IAH, reduciendo las apneas, los ahogos y los episodios de asfixia y las interrupciones del patrón del sueño.

sleep apnea and snoring Sobre la Apnea del Sueño y el Ronquido

La apnea del sueño es un trastorno respiratorio grave, potencialmente mortal que afecta al 4% de la población. Los pacientes con apnea sin tratamiento tienen índices de mortalidad aumentados, son 4 veces más propensos a sufrir accidentes de laborales y de tráfico y su calidad de vida se reduce sustancialmente.

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Instrumentos útiles para la observación automática de comportamientos anormales durante el sueño.

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