Trastorno de conducta de sueño REM
También llamado onirismo o parasomnias motoras en sueño REM, se caracteriza por la representación motora de ensoñaciones violentas. Los pacientes parecen querer representar las vivencias significadas en los sueños, lo que provoca un comportamiento violento e involuntario que se acompaña de una excesiva actividad física. Esto es consecuencia de que en pacientes con este tipo de trastorno, no acontece la atonía muscular propia de la fase REM. En ausencia de patologías, en este estadio, donde se producen la mayoría de las ensoñaciones y las más intensas, se impone una atonía muscular generalizada que provoca la parálisis completa del individuo. Sin embargo, en los sujetos con alteración de la conducta en fase REM, el aumento del tono muscular da lugar a movimientos inapropiados, una actividad física violenta que se escenifica en golpes, gritos o patadas y es frecuente que los sujetos puedan llegar a hablar, reír o gritar. Las conductas involuntarias pueden incluir situaciones violentas desencadenantes de autolesiones ya que el paciente puede sufrir caídas, golpes, arañazos y fracturas. Clínicamente se acompaña de movimientos bruscos y violentos de las extremidades y el tronco vinculados a sueños agresivos. El diagnóstico se realiza por medio de la polisomnografía y las grabaciones de video, a través de los que se puede apreciar que en estos individuos, que contrariamente a la generalidad, el tono muscular en fase REM se mantiene permitiéndole realizar movimientos con normalidad. La edad media del inicio de la enfermedad se sitúa en una horquilla entre lo 50 y 65 años con claro predominio masculino y asociado a enfermedades neurodegenerativas.
Parálisis del sueño aislada
Es uno de los tipos de parasomnias menos conocidos asociados al sueño REM. Son episodios de
parálisis temporal durante el sueño que incapacitan a los sujetos para moverse voluntariamente. La parálisis del sueño fue identificada por primera vez por el psicólogo Weir Mitchell que estableció en
1876 una descripción precisa: “El sujeto despierta y es consciente de su medio ambiente, pero es incapaz de mover un músculo, aparentando que continúa durmiendo. Sin embargo el sujeto está realmente concentrado en una lucha por tratar de moverse ,lleno de aflicción mental aguda. Si el sujeto pudiera moverse, el hechizo que lo aflige se desvanecería al instante”. Según la clasificación internacional de trastornos del sueño, la parálisis del sueño consiste en un período de incapacidad para realizar movimientos voluntarios al inicio del sueño (parálisis hipnagógica o predormital) o al despertarse, ya sea en la mitad de la noche o por la mañana (parálisis hipnopómpica o postdormital). Se observa mayoritariamente en la fase de adormecimiento previa al inicio del sueño, en los momentos en que el individuo está despertándose o al comienzo una fase REM . La inmovilización es generalizada a excepción de los músculos respiratorios y los oculares. En uno de los síntomas característicos del cuadro clínico de la narcolepsia, aunque puede aparecer de manera aislada a este síndrome. La parálisis afecta a todo el cuerpo y los pacientes plenamente conscientes, sienten la incapacidad de mover brazos, piernas tronco y cabeza desencadenando una sensación de angustia aterradora. El terror se hace más intenso cuando la parálisis se asocia a alucinaciones. Los episodios son de corta duración, pueden durar desde unos segundos a pocos minutos y suelen remitir espontáneamente o tras estimulación táctil. Es un fenómeno muy común que de forma ocasional afecta a más del 50% de la población que refieren haber sufrido un episodio paralizante de este tipo al menos una vez a lo largo de su vida. Como patología recurrente incide en el 3-6% de la población. Se asocia a sujetos con patrones de sueño irregular, turnos de trabajo con horarios rotativos, jet lag y hábitos irregulares asociados a la privación de sueño. También se consideran factores de predisposición a la parálisis del sueño las enfermedades psiquiátricas o las situaciones de stress excesivo así como todos los eventos que perturben el ciclo sueño-vigilia.
El folclore popular ha dotado a la parálisis del sueño de propiedades mágicas y supranaturales que se recogen en las variadas interpretaciones místicas populares. Las acepciones que encontramos son sorprendentes “se me subió o encaramó un muerto“ reza un dicho popular en México hasta los “limanda tsog” o demonios del aplastamiento en la cultura hmong, describiendo la experiencia de parálisis del sueño y la sensación fisiológica de ahogo o dificultad para respirar seguida de una fuerte opresión del pecho. En la cultura vietnamita, la parálisis del sueño se conoce como “de ma”, que significa “poseído por un fantasma”. En Malta, la cultura popular lo atribuye a un ataque de “Haddiela” que es la esposa del “Hares”, en China “gu y sh n” que literalmente se traducen como “el fantasma de la opresión”.
Pesadillas
Consisten en ensoñaciones angustiosas que generan sensación de miedo intenso, terror y ansiedad
extrema. Son sueños intensos, de larga duración y muy elaborados con un aumento progresivo del grado de terror y angustia hasta su finalización el despertar del individuo. No siempre desembocan en un despertar, pero los sujetos tienen recuerdo de lo vivido durante el episodio. Se suelen dar muy frecuentemente en la infancia, entre los 3 y 6 años de edad 18 y por sexos es más frecuente en niñas. Remiten espontáneamente antes de la adolescencia. En la edad adulta son poco frecuentes y sólo aparecen de forma ocasional generalmente relacionadas con sucesos traumáticos, ansiedad y estrés que son las causas más comunes de las pesadillas y forman parte de cuadros psicopatológicos como el síndrome de estrés postraumático.
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