Trastornos del despertar
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Despertar confusional
También llamado "borrachera de sueño", se manifiesta por un estado de desorientación al despertar. La confusión suele durar unos pocos minutos y raramente persiste más allá de las dos horas. Este comportamiento se asocia a despertares bruscos y precipitados y en pacientes con apnea del sueño, narcolepsia, hipersomnia idiomática y aquellos consumidores de fármacos que interfieren en el sueño. Es un trastorno muy común en la infancia, y se acompaña de cefaleas matutinas, disminución de la capacidad de concentración y lentitud en la reacción a estímulos externos. En adultos es muy poco frecuente y los estudios epidemiológicos no establecen diferencias por sexos.
Terrores nocturnos
Conocido también como pavor nocturno o terror del sueño, se caracteriza por un despertar brusco desde las fases de sueño profundo (etapas 3 y 4) y viene caracterizado por un ataque de miedo intenso acompañado por una agitación corporal aguda propia de los estados de pánico. El cuerpo sufre una aceleración del pulso y la respiración similar a la producida por situaciones de miedo que provoca en los individuos gritos, lloros e incorporaciones de la cama. La sensación de asfixia física y presión torácica provoca situaciones de extrema alarma. Los pacientes no responden a estímulos externos y una vez despierto se muestran confusos y desorientados.
Los individuos refieren una amnesia sobre estos episodios que apenas recuerdan vagamente al despertar. Hay una tendencia de diagnóstico por vínculo familiar. El diagnóstico diferencial con las pesadillas frecuentes y no patológicas lo marca el momento del ciclo en el que se produce. Las pesadillas son ensoñaciones intensamente vividas propias del sueño REM que garantiza la seguridad del individuo gracias a la atonía muscular generalizada que le salvaguarda de autolesionarse. Este fenómeno prevalece en menores de 7 años, especialmente en varones y es infrecuente una vez superada la pubertad. La prevalencia estimada es de 3-4% en la infancia y menos de 1% en la población adulta. Existe una vinculación de cuadro clínico con el sonambulismo, y ambos trastornos suelen cursarse como diada patológica.
Sonambulismo
El comportamiento anómalo de los sonámbulos se da durante el sueño profundo NREM y abarca conductas complejas que pueden puede variar desde algunos movimientos simples (automatismos) hasta comportamientos complejos como deambular por la habitación, caminar con los ojos abiertos con resultado probable de caídas y lesiones. Estos episodios suelen ocurrir en la primera parte de la noche y su duración es variable. Los sujetos no recuerdan nada al despertar, sufren amnesia de los episodios y en algunos casos, cuando son despertados se puede desencadenar una reacción violenta hacia el mismo o hacia los demás. Es un fenómeno que afecta predominante a la población infantil con una incidencia máxima en niños de 3 a 15 años, donde la prevalencia puede alcanzar el 15% de niños que han sufrido por lo menos un episodio esporádico de sonambulismo. En estos casos el trastorno es una conducta benigna. Como trastorno frecuente la prevalencia es de un 5% en sonambulismo infantil y en la población adulta la incidencia es muy poco frecuente no llegando al 1% con un claro determinante por agrupación familiar. Puede persistir en la adolescencia, e incluso en la edad adulta asociado a trastornos depresivos y emocionales.







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